jueves, 23 de abril de 2009

Carta (1)



Yo supongo que debo haber sido (en otra vida, si las hay -cosa que no creo, pero no importa-) una compulsiva escritora y mandadora de cartas (de amor obviamente). Cartas de amores tortuosos y felices; de finales y comienzos de amores. Y también debo haber sido bruja (aún  conservo esos dotes). 
No creo haber sido hombre, sí animal: loba; serpiente; tal vez tortuga y pez. 
Me gustaría haber sido amante de algunos hombres: de Russell sin duda, de Wittgenstein, de Mayacovsky, de Abelardo. No me quejo de esta vida que me toca ahora: seguramente en ninguna otra tuve hijos, además puedo expresarme con palabras y en ella estas vos iluminando cada gesto, cada espacio.

lunes, 20 de abril de 2009

1922- 2009


En todos esos años vivió, estudió, pero sobre todo, enseñó Gregorio Klimovsky. Educador de múltiples generaciones en también múltiples disciplinas. Mi homenaje a él.

Cuando lo conocí tendría casi 80 años, entraba a un aula mugrienta de Puán a la una en punto y caminando con notoria dificultad, se sentaba y sólo se levantaba a las cinco de la tarde después de haber dado su clase con sus fichas amarillentas. Tenía un humor impecable y enseñaba, lo mucho que sabía, como quien pasa una receta de torta por teléfono: con sencillez y con la seguridad de que nadie podía no entenderlo.
Con la misma tranquilidad y firmeza iba a cuanta reunión de cátedra, grupo de investigación o congreso hubiera. Podían caer piedras, pero Kimovsky estaba.
 Su presencia orbitó sobre muchos, sobre tantos que no podrían contarse... Todos los que nos interesamos por algunos temas hemos leído, escuchado y, tal vez, hablado con él en algún momento. 
Escribió no muchas obras. Siempre pensé que lo suyo era la transmisión oral, como lo de tantos otros grandes educadores. 
Ya no acompañará a la gente pero, sin duda, permanecerá orbitando en tantas mentes.