jueves, 24 de septiembre de 2009

Brevísima reseña del debate Realismo/ Instrumentalismo en la historia de la física.

Valeria Leiva

Una de las maravillas de la filosofía es, a mi modo de ver, que los debates que en ella se libran no deben necesariamente ser resueltos: lo interesante es el debate en sí. En cambio, en las ciencias, generalmente, se requiere del consenso –o de la superación- que de por terminado un debate. Un claro ejemplo de ello puede ser el debate filosófico realismo/ instrumentalismo a lo largo de la historia de la ciencia.

Aristóteles creía que el universo era como él lo describía[1], sino ¿qué sentido tendría describirlo de ese modo? Ptolomeo, en cambio, fue durante tiempo asignado por los historiadores como uno de los primeros defensores del instrumentalista[2], es decir, de la tesis según la cual las teorías científicas no deben comprometerse con la existencia de las entidades que postula y sólo deben ser evaluadas por su utilidad como herramientas de cálculo y predicción.

Copérnico manifestó en su propia figura ambas caras del debate. Él mismo tuvo una concepción realista acerca de sus desarrollos teóricos, sin embargo, la publicación de su libro llevó un prólogo –adjudicado a Ossiander- en el que se declaraba que, lo allí escrito, eran sólo hipótesis matemáticas[3].

Por último, mencionaré a Kepler (quien creyó descubrir y, porque no, incluso, percibir, la armonía del universo) y Galileo: ambos defendieron el realismo de sus hipótesis. Este último, en particular, se negó férreamente a adherir al instrumentalismo y considerar a la teoría copernicana sólo como una teoría que salva las apariencias, cuando ocurrió su disputa con el cardenal Bellarmino.

Contemporáneamente se manifestó también esta disputa entre los llamados “fundadores” de la teoría cuántica. Heisemberg manifestó una postura de tipo instrumentalista (utilización de hipótesis matemáticas) en tanto enfatizó la imagen de un Bohr más bien realista (dedicado a la interpretación física de la naturaleza) que sólo en un segundo momento, posterior, pudo realizar precisiones matemáticas. La diferencia entre estos dos físicos dio lugar a diversas líneas de investigación –acompañando a sendas posturas filosóficas. Una de ellas –con la que Bohr fue asociado como el líder de la “interpretación de Copenhague”- ha sostenido la falta de sentido de la pregunta acerca de cuándo, frente a que “suceso” – a saber: la conciencia o la interacción- se reduce un paquete de ondas. En cambio, un científico tan destacado como lo fue Einstein sostuvo durante su vida una posición realista.

De cualquier manera, la revolución de la física del S XX se enfrenta, antes que nada, a definir qué es la realidad si se admite una postura realista porque, finalmente, la realidad admitida por una postura realista de la física cuántica no es –ni puede ser- la misma realidad que la que fue admitida hasta entonces[4]. Sintéticamente, parecería posible que, si la realidad es cómo la cuántica la “describe”, entonces, no es como nosotros “creemos” que es o, en todo caso, nuestro mundo es uno de los probables mundos que se nos aparece en tanto interactuamos con él[5]. Tal vez ante las dificultades de admitir algo como lo anterior (un tipo de realismo platonizante) es que la postura instrumentalista ha tenido, hasta hace un tiempo al menos, una mayor adhesión.

Bibliografía

· Boido, G. (1998) Noticias del planeta tierra; A-Z editores; Buenos aires, Argentina.

· Hawking, S., (1988) Historia del tiempo; Crítica; Barcelona, España.

· Ortoli y Pharabod (2001) El cántico de la cuántica; Gedisa; Barcelona, España.

· Ptolomeo, C., (1987) La hipótesis del los planetas, Alianza Universidad; Madrid, España.



[1] Su descripción era, para él, verdadera. Recordemos que sólo puede asignarse verdad o falsedad a una hipótesis si se sostiene una postura realista.

[2] Esta opinión ha sido modificada sobre todo luego del hallazgo de una parte perdida de su obra. Véase la introducción de Eulalia Pérez Sedeño a Ptolomeo (1987)

[3] El por qué Ossiander declara aquello esta relacionado con la situación histórica de la obra y, lamentablemente, no podré desarrollarlo aquí. Baste decir que, probablemente, por aquellas afirmaciones la obra de Copérnico llegó hasta nosotros y su autor no fue condenado.

[4] Para ello véase la paradoja de Einstein- Podolsky- Rosen y las experiencias de Aspect.

[5] Esto parecería remitir a algún tipo de platonismo en el cuál hay un mundo real y uno apariencial.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Breve historia de la biologia. Epigénesis / preformacionismo; generación espontánea/ antigeneración espontanea; fijismo/ catastrofismo.

Valeria Leiva

“si la filosofía de la ciencia es absurda debido a su carácter teórico, especulativo, también lo serán las obras más famosas de los grandes historiadores de la ciencia y, de hecho, cualquier reflexión sobre la cultura que aspire a alguna forma de comprensión

U. Moulines (1984)

En el siglo XVII el universo había sido trastocado por la Revolución científica que, en tanto tal, aparejó una nueva concepción del conocimiento de la naturaleza y de los seres vivos e, incluso, una nueva metodología de la ciencia.

En dicho marco –que no podré explicitar demasiado por la brevedad impuesta a este trabajo-, se inscriben algunos de los debates más interesantes de la historia de la biología[1]. Uno de ellos es el referido a la generación espontánea de seres vivos, otro -cuyos orígenes pueden ubicarse más atrás en el tiempo, pero que fue paralelo a aquel- es el debate epigénesis/ preformacionismo.

Aristóteles tuvo, sin dudas, participación en este último debate adhiriendo a lo que, más tarde, se llamaría epigenetismo: los órganos de los seres vivos se forman a partir de una gradual diferenciación de la materia dentro del huevo, la materia es la misma para todos los seres, lo que difiere es la disposición que ésta adquiere. La teoría preformacionista se desarrolló, en parte, por los descubrimientos de A. Leeuwenhoeck, quien utilizando pequeños microscopios construidos por él mismo observó -entre otras cosas- los espermatozoides -llamándolos “animálculos”. Esta teoría sostenía que los seres estan preformados en el animálculo que lo contiene, son pequeños seres que solamente deben crecer, pero todas sus partes están desde el comienzo allí formadas.

Sin embargo, el preformacionismo se vio enfrentado a varias dificultades. En primer lugar, era necesario admitir que si los animálculos contenían a los seres humanos completos –humúnculos- entonces todas las generaciones, desde Adán y Eva, debieron estar contenidas en Adán. Por otro lado, los preformistas se dividieron entre animalculistas y ovistas, frente a la posibilidad de que el humúnculo se encontrara en el espermatozoide o en el óvulo.

Sin embargo, esta teoría no lograba explicar de dónde provenían los “gérmenes” para la regeneración de las partes de un cuerpo ni por qué la descendencia no se parece sólo al padre o a la madre.

A partir de las mencionadas dificultades, Buffon ensaya una explicación: hay una memoria en los seres que guía la unión de partículas de forma tal que el nuevo ser se forma por el agregado de ellas y a partir de ese “molde”. El epigenetismo, así revitalizado, se enfrentó a una fuerte oposición ya que, si las partículas se unen, nada impide que haya generación espontánea. Es aquí donde puede introducirse el debate entre los defensores de la generación espontánea y los antiespontaneistas.

Ya en 1668 F. Redi había tratado de probar que de la materia pútrida no se generan seres ruines, sino que inadvertidamente, las moscas depositan sus huevos allí. Sin embargo, los descubrimientos de Leeuwenhoeck permitieron afirmar a los espontaneistas que eran los animálculos los que se generaban espontáneamente –aunque no los seres ruines. Dicho de otro modo, los descubrimientos de Leeuwenhoeck no echaron por tierra con la teoría de la generación espontánea, sino que, solamente, trasladaron el debate al ámbito de lo microscópico.

A mediados de S XVIII el debate prosiguió pero los actores fueron ahora Needham, Spallanzani y Pasteur. Needham intentó mostrar que había generación espontánea de animálculos experimentando con frascos que contenía caldo hervido y que estaban bien tapados. Efectivamente, Needham encontró lo que buscaba pues el caldo se pobló de gérmenes. Spallanzani trató de rebatir esta conclusión y repitiendo los experimentos de Needham también halló lo que esperaba: los gérmenes no surgían. Sin embargo, Spallanzani no repitió, en sentido estricto, el experimento original ya que tapó mejor los frascos y prolongó su calentamiento; fue por ello que los espontaneístas argumentaron que aquellas variaciones introducidas por Spallanzani destruían la fuerza vital necesaria para la generación. La hipótesis de la “fuerza vital” tuvo éxito suficiente como para suspender la decisión acerca de estas teorías. Fue sólo un siglo después que dicho debate se “resolvió”. La respuesta estuvo a cargo de Pasteur quien repitiendo los experimentos de los generacionistas –manteniendo, él sí, las condiciones para la generación de la vida- mostró que, pese a ello, los microorganismos no surgían. Sin embargo, Pasteur tampoco mantuvo todas las condiciones ya que modificó la forma del frasco original por un frasco con cuello de cisne para que, de esa manera, la fuerza vital pudiera ingresar. De este modo, también Pasteur encontró lo que esperaba: la fuerza vital no existe, por ello, pese a que puede, no ingresa al frasco ni genera vida. El debate se dio por terminado y los antiespontáneistas y epigenetistas “ganaron”… Pese a ello ¿qué nos asegura que la fuerza vital no responda, como todas, a la gravedad y, pese a haber ingresado en el frasco, haya quedado atascada en el cuello sin poder cumplir su loable tarea?

La historia de la ciencia en su irregular marcha ha dado constantes ejemplos de debates entre teorías –o, al menos, pueden ser interpretados como tales- en los que pueden hallarse ganadores y perdedores; pese a ello cuánto más rica e interesante puede ser la historia si vemos en ella, en vez de a aquellos, a sujetos creando, proponiendo, tal vez, descubriendo formas diversas de relacionarnos (entre nosotros y, si tal cosa existe, con el mundo).

Solía asociarse la teoría de la generación espontánea con la teoría epigenética y, en correspondencia con aquella, la teoría anti-generacionista con la preformacionista.

Autores como Buffon o Lamarck que sostuvieron tesis epigenistas fueron también generacionistas. En cambio, Cuvier supo ser un gran defensor del anti-generacionismo, es decir, de la preexistencia de los gérmenes. Lamarck y Cuvier fueron protagonistas de otro de los intensos debates que puede encontrarse en la historia de la biología; el debate acerca de si las especies son fijas o se transforman a lo largo del tiempo.

De esta manera podemos ver cómo estos tres grandes temas que he mencionado van solapándose y sucediéndose a lo largo del tiempo.

El epigenetismo, en tanto supuso una memoria que guiará la unión de las partículas asumió, aunque indirectamente, un tipo de mecanicismo, ya que si las partes componentes son idénticas para todos los seres sólo hace falta un mecanismo que permita su diferenciación: basta la aplicación del molde para que la materia informe cobre la forma que corresponde a lo que debe ser[2]. En cambio, el preformacionismo no debe asumir tal compromiso porque si los seres son distintos (y ello es así desde el principio mismo, incluso de los tiempos –teoría del encaje-) no hay intervención ni analogía alguna con la máquina; por el contrario, la vida tiene una esencia propia.

Sin embargo, el transformismo lamarckiano tuvo que enfrentar las críticas de Cuvier, uno de los firmes defensores del fijismo catastrofista. El trabajo paleontológico de Cuvier demostraba que habían habitado la tierra especies de las que ya no se tenía conocimiento, ellas habían desaparecido a causa de grandes revoluciones. Asimismo, Cuvier reconoció que la generación de los seres organizados “siempre será el misterio más incomprensible” pero la mejor explicación (que sólo desplaza el problema) es la preexistencia de los gérmenes, es por ello que Cuvier no admite la transformación: no es posible que se transforme aquello que ya está formado.

Lamarck y Cuvier fueron franceses y contemporáneos a fines del S XVIII. Ambos apoyado la revolución francesa pero desde distintos puntos de vista . Ellos forman parte fundamental de la historia de la ciencia, entre otras cosas, porque sus diferencias fueron parte del suelo epistémico en el que se insertó la obra de Darwin.

Las diferencias entre Lamarck y Cuvier suele presentarse en la historia de la ciencia como un ejemplo de una teoría errónea que triunfa (la de Cuvier) sobre una teoría revolucionaria y correcta que no fue reconocida (la de Lamarck), sin embargo, como afirmé anteriormente, esta manera de presentar teorías sólo empobrece y minimiza la historia en tanto relato de los diversos desarrollos humanos, de la creatividad y la inteligencia que nuestra especie ha desarrollado a lo largo de su breve historia.

Bibliografía

· AAVV; (1999); Las raíces y los frutos. Temas de filosofía de la ciencia. CCC educando, Buenos Aires, Argentina

· AAVV, (2007); Los grandes naturalistas; Ariel; Barcelona, España.

· Lewontin, R.; El sueño de la doble hélice y otras ilusiones. La revolución darwiniana (fragmentos)

· Moulines, C. U., (1984) “Filosofía de la ciencia – historiografía de la ciencia: ¿dos caras de la misma medalla?” en Actas del III congreso de la sociedad española de historia de la ciencia, Ed. Guipuzcoana, San Sebastián.

· Rostand, J.; Introducción a la historia de la biología (fragmentos)



[1] O, mejor, de la Naturphilosophie porque la noción de “biología” se utilizó, creo, con posterioridad a la obra de Darwin.

[2] En el caso de Lamarck, además, los cambios desarrollados en la vida de los individuos son heredados por su descendencia.

lunes, 24 de agosto de 2009

Breve análisis de la historia de la biología desde la metodología kuhniana.

Valeria Leiva

Antecedentes y aclaraciones. (preciencia)

La noción de “biología” es relativamente nueva y está íntimamente relacionada con la idea de cambio a lo largo del tiempo o, más generalmente “evolución”.

Anteriormente, se utilizaban las nociones de “historia natural” o Naturphilosophie y dichas disciplinas se ocupaban, básicamente, de la clasificación de las especies vivientes -ejemplos de ello fueron las obras de Linneo o de Bonnet- pero no se halla en dichas obras el debate acerca del origen de los seres vivos. Ya Empédocles y, sobre todo –por la importancia que la historia le dio posteriormente- Aristóteles se habían ocupado del tema del origen de los seres vivos, pero, por supuesto, aquellas reflexiones no sistemáticas[1] no pueden ser admitidas como fundantes para una disciplina ya que, para ello se requiere -desde el punto de vista kuhniano- la admisión cuasi indubitable por parte de todos los participantes de la comunidad (entre otras cosas).

Lamarck y Cuvier: Fijismo y transformismo (paradigma y crisis)

Hasta, por lo menos, el siglo XVIII, las ideas preformacionistas[2] junto con (o avalando la) interpretación bíblica del origen de las especies, habían dado lugar a una teoría fijista de las especies que hegemonizó la disciplina que analizamos. Según aquella, en su versión “ingenua”, las especies que existen han existido siempre desde la creación tal y como las conocemos ahora (es decir: no han sufrido modificaciones a lo largo del tiempo). Esta teoría se mantuvo durante mucho tiempo sin ser sometida a mayores críticas. Una de ellas, sin embargo – y que fue resuelta de modo contundente- estaba basada en los hallazgos de fósiles de especies no conocidas (a simple vista eso podría ser interpretado como un caso contrario a la teoría); sin embargo, dichos fósiles fueron admitidos dentro de ella como “testimonios” de las catástrofes ocurridas desde la creación (el caso más conocido de aquellas, por haber sido testimoniado en las Sagradas Escrituras, fue “el diluvio”).

Recuerden que para Kuhn “El llegar a la solución de un problema de ciencia normal es lograr lo esperado de una manera nueva” (Pág. 70 ERC). Y que, justamente, la tarea de los científicos es resolver los enigmas que se presentan. Y ello es lo que se logra al absorber el aparente caso contrario al corpus de la “teoría”.

Esta teoría así modificada puede ser llamada “Teoría fijista/ catastrofista” y fue defendida fuertemente, entre otros, por G. Cuvier. El trabajo paleontológico de Cuvier demostraba que habían habitado la tierra especies de las que ya no se tenía conocimiento; ellas habían desaparecido a causa de grandes revoluciones (catástrofes). Asimismo, Cuvier reconoció que la generación de los seres organizados “siempre será el misterio más incomprensible” pero la mejor explicación (que sólo desplazaba el problema) era la preexistencia de los gérmenes, es por ello que Cuvier no admite la transformación: no es posible que se transforme aquello que ya está formado (anti- generacionismo).

Otro personaje fundamental en esta historia fue el gran opositor al fijismo, J. B. Lamarck quien sostuvo (no por primera vez, pero pasó a la historia casi como si lo hubiera hecho primero) que las especies cambian a lo largo del tiempo, aunque esos cambios nos resultan imperceptibles a los seres humanos porque ellos son lentos y graduales. Lamarck, manifestó que los mecanismos de cambio están regidos por leyes. Las leyes de Lamarck son dos:

1- tendencia de los seres a adaptarse a lo largo de sus vidas. Uso y desuso que respectivamente fortalece y debilita los órganos.

2- Los cambios pequeños que experimentan en vida los individuos de una especie son heredados por su descendencia.

Fueron las leyes lamarckianas las que se llevaron gran parte (sino todas) las críticas que recibió la teoría, no la idea de cambio en sí.

Lamarck y Cuvier fueron franceses y contemporáneos a fines del S XVIII. Ambos habían apoyado la revolución francesa pero desde distintas posiciones (Cuvier perteneció al grupo conservador de revolucionarios; Lamarck al otro). Ellos forman parte fundamental de la historia de la ciencia, entre otras cosas, porque sus diferencias fueron parte del suelo epistémico en el que se insertó la obra de Darwin. Las diferencias entre Lamarck y Cuvier suele presentarse en la historia de la ciencia como un ejemplo de una teoría errónea que triunfa (la de Cuvier) sobre una teoría revolucionaria y correcta que no fue reconocida (la de Lamarck), sin embargo, esta manera de presentar teorías sólo empobrece y minimiza la historia en tanto relato de los diversos desarrollos humanos, de la creatividad y la inteligencia que nuestra especie ha desarrollado a lo largo de su breve historia. Claramente, luego de ver las críticas, comprenderán que no era “muy sólida” la teoría lamarckiana y, sin dudas, no era “tan mala” la teoría fijita.

Es interesante ver que, en este punto, suele mezclarse el problema de las presentaciones históricas (básicamente las presentaciones whig) con los debates filosóficos (si la teoría era “mejor” –estaba corroborada; confirmada; tenía menos anomalías; resolvía mejor sus enigmas que la otra-) y, generalmente, eso confunde a los alumnos porque las que ellos consideran “mejores” teorías son las que no se impusieron fácilmente. Esto, los conduce en algunos casos a una especie de fatalismo respecto de la humanidad “retrograda” o, en otros (los más destacables de los casos) a plantearse que algo de esas presentaciones debe ser un tanto estandarizado y forzado de manera que no resultan adecuadas para reflejar la actividad científica.

Darwin: Una teoría evolucionista (más crisis)

Como todos sabemos, en 1859 se publicó El origen de las especies, obra en la que Darwin sostiene el origen común de todas las especies y la gradual evolución de ellas. Sin embargo –y pese a su fama actual- no fue una obra fácil o rápidamente aceptada. La gran diferencia entre las obras de Darwin y Lamarck radicó, no en el planteo de que hubiera cambio a lo largo del tiempo, sino en el/ los mecanismos que llevaban a cabo dicho cambio. Como mencioné más arriba, para Lamarck el cambio está regido por dos leyes. En cambio, para Darwin el cambio esta regido por la Selección natural.

La teoría darwiniana es un ejemplo de teoría sencilla y “narrativa”. No hay en ella cuantificación o fórmulas de ningún tipo y ello, sin duda, asombró a la comunidad científica de la época.

Problemas de la teoría darwniana

Es necesario tener en cuenta algo (que no resulta fácil de admitir para nosotros, tan acostumbrados a hablar de Darwin y su teoría como si ella –él- hubiera sido siempre tan importante como actualmente es considerado): La teoría darwiniana tuvo, desde su comienzo, una importante cantidad de problemas u objeciones (algunos fueron resueltos, otros siguen siendo debatidos en el marco de otras teorías) que podría justificar que la misma no haya sido aceptada de manera inmediata (o más o menos rápida)[3].

En particular mencionaré:

a. La incompletitud del registro fósil. Efectivamente, si las especies se desarrollan y cambian a lo largo del tiempo deben existir y deben hallarse los fósiles de cada uno de los antecesores de cualquiera de las especies conocidas. Este problema puede considerarse que se mantiene aún. Para ello es útil el documental acerca del descubrimiento de Ida, un fósil hallado en 2006 (y que se ha dado a conocer hace muy poco) de 4.7 millones de años, casualmente, el documental se llama “Ida: el eslabón perdido”. 150 años de la publicación de la obra y seguimos buscando los mentados “eslabones perdidos”.

b. La falta de teoría de la herencia. Saben que Darwin y Mendel fueron contemporáneos, sin embargo no hay registros de que haya habido algún contacto entre ellos. No estoy segura de que sea cierto (ni recuerdo quién me lo contó) pero, aunque no sea cierto, sirve esta anécdota para pensar el tema. Dicen que Mendel envió una separata de sus artículos a Darwin porque intuyó (pensó)[4] que podía servirle su trabajo para explicar cómo se heredan las variaciones entre individuos de una misma especie. Darwin nunca leyó dichas separatas y, puede pensarse que por ello su teoría careció de un elemento que hubiera podido ser fundamental y altamente explicativo[5].

Lo cierto, es que Darwin no tuvo una hipótesis admisible acerca de cómo se hereda la variación.

c. El tiempo de la tierra. Para que las especies hubieran evolucionado de modo tan lento y gradual como Darwin afirmó, la tierra tendría que haber sido mucho más antigua de lo que, en ese momento, se afirmaba que fuera (Kelvin había hecho una datación de 100 millones de años; Darwin requería casi 3 veces más)

d. Las analogías difíciles de aceptar. Este problema es menos “técnico” que los anteriores, o mejor, es más de “sentido común”. ¿Qué sentirían ustedes si yo les dijera que me parecen tan bellos o tan inteligentes como una ballena o una rata?[6] Dirían (los más generosos) algo así como “no somos comparables con…” Bien, Darwin planteó analogías entre estructuras de organismos sin relación entre sí (el ojo del pulpo y el ojo de los mamíferos) y ello, resultaba difícil de admitir.

En este mismo marco, piensen en las llamadas por Freud “heridas al narcisismo de la humanidad”: Copérnico que descentró y puso en movimiento la tierra quitándole su lugar de privilegio; Darwin que nos dice que somos sólo una especie animal más y (en su humildad) Freud mismo que afirma que ni siquiera tenemos absoluto (en el sentido de “racional”) control sobre nuestros actos y pensamientos.

e. Otra objeción planteada a la teoría darwiniana estaba relacionado con algo que deslice antes. La “narratividad de la teoría”, en la obra de Darwin no aparece una sola fórmula o cálculo o nada que encaje con el método que las ciencias post newtonianas pretendían y ello condujo a que la teoría fuera considerada no- científica o, si quieren, filosófica.

La teoría sintética (nuevo paradigma)

Recién a partir de 1900 puede hallarse una teoría amplia y más o menos completa y abarcativa en biología: La teoría sintética que conjugando los aportes darwinianos con la genética post mendeliana (entre otras cosas) resulta admitida por la comunidad científica y puede considerarse paradigmática. Puede interpretarse que esta “mega teoría” posee (como casi intuitivamente pueden comprender) todos los componentes que un paradigma debe contener:

Un lenguaje;

Reglas y métodos propios;

Una cosmovisión;

Leyes (teorías);

Ejemplares con los que se educa a los científicos;

Valores.

Y sin duda fue admitida por todos aquellos que se dedicaron a la biología (por lo menos hasta ahora).

Aplicación

Por lo anterior (entre otras cosas) la teoría darwiniana no debe ser, para mi, considerada –como intuyo creerían ustedes- una teoría que haya fundado un paradigma. De manera que, les propongo que analicen esta historia de la biología desde la metodología kuhniana[7] y, de este modo, concretar el conocimiento meramente teórico que pueden tener (tanto de la historia de la biología, como de la metodología de Kuhn). Para hacer esto, deberían hallar:

1- un período de preciencia

2- un paradigma

3- un período de ciencia normal

4- algún/os enigmas

5- algún/as anomalías

6- un período de crisis y revolución

7- un nuevo paradigma

8- Lenguaje común (lenguaje inconmensurable) entre los paradigmas hallados

9- Problemas resueltos y no resueltos de los paradigmas que hallaron

Bibliografía

· AAVV; (1999); Las raíces y los frutos. Temas de filosofía de la ciencia. CCC educando, Buenos Aires, Argentina

· AAVV, (2007); Los grandes naturalistas; Ariel; Barcelona, España.

· Geymonat, L.; (1998) Historia de la filosofía y de la ciencia; Critica; Barcelona, España.

· Kuhn, T. (1962); La estructura de las revoluciones científicas; Fondo de cultura económico, México.

· Mendel, G (1865) Versuche über planzenhibriden en Ostwald klassischer. Der exakten Wissenschaften (trad. castellana: El origen de la genética [1973], Alhambra, Barcelona).




[1] Afirmar que las reflexiones de estos filósofos fueron “no sistemáticos” conlleva ciertas dificultades porque no estaría en un error quien me dijera que Aristóteles fue muy sistemático en la observación del desarrollo del feto de pollo en el huevo… y tendría razón; pero ello daría lugar a un debate más extenso a cerca de por qué eso no basta para fundar un paradigma.

[2] Doy por supuesto, tal y como ocurre en el curso de CBC, que los lectores (o los hipotéticos alumnos a los cuales podría dirigirse una clase como esta) conocen el debate epigénesis – preformacionismo. Y generación espontánea – anti espontaneísmo.

[3] Por supuesto que no sólo ellas “justifican” la no aceptación de la teoría e, incluso, algunos podrían afirmar que estas objeciones son secundarias ya que podría no haberse aceptado la teoría por motivos explicables en términos socio- psicológicos únicamente.

[4] De lo que sí estoy segura es que en la obra de Mendel él dice que sus investigaciones pueden ser útiles para llegar a la “solución de una cuestión cuyo significado para la evolución de las formas orgánicas no debe ser subestimado” (pág. 4)

[5] Pensar “qué hubiera podido ser si…” / “qué hubiera ocurrido si…”, es algo que solemos hacer y que, en un caso como este (cuando nos referimos a la historia), es hacer “Historia contrafactual”.

[6] La pregunta intenta provocar una reacción, no es planteada como una analogía entre afirmar algo a cerca de la belleza y de un órgano.

[7] Es necesario aclarar que podría ser analizada desde muchas otras metodologías, lo relevante aquí, es que los alumnos entiendan que siempre la historia de la ciencia acarrea una postura filosófica (sea o no conciente de ello el historiador).

martes, 21 de julio de 2009

El aire en que no estas -poema-




“Que sepas que no es fácil respirar
El aire en que no estás”
Pedro Guerra
Si viera la noche
Vería tu rostro lleno de luz.
Si viera el tiempo
Vería tus ojos llenos de espacio.
Si viera lo último
Que me es dado ver
Vería tus manos en mi espalda;
Vería tu rostro
Amor,
Que es tan mío;
Vería tu aliento que es mi guía
Y que me alivia;
Vería tus manos
Que sostienen universos;
Vería a tus hijos
Y al mío
en tus gestos.


Si te buscara en un lugar secreto
Te buscaría en mi pecho;
En mi cuello;
En una orilla cercana de aquel rio
Que pasamos en los viajes;
En una ventana entre abierta;
En una librería perdida;
En los ojos de alguna mujer que amaste;
En el viento
Que pasa y no se olvida;
En el aire en que no estás
Y en el que resulta difícil respirar.

viernes, 10 de julio de 2009

Llantos abandonados -poema-












No me alivia verte desparramado, arrimado a mi nido, a mi ventana.
No me alivia verte revoloteando mi silencio,
amarrado a mi andamio que sólo asoma al vacío,
Acurrucado al abismo de mi mente;
Arrojado ante mí, desamparado.


No me alivia amarte tan callada,
Tan inerme,
Tan tajante.
No me basta éste que hay aquí ahora,
No me alcanza ni me llena.
No me basta.


Imaginé kilómetros de versos,
Bibliotecas inmensas,
Infinitas playas de verbos
Y nada,
Nada de aquello
Alcanza.


En este sitio que habito hay un silencio
Impenetrable
Inmenso
Inalcanzable
Tal vez jamás lo habite nadie más que mi sombra;
Mi mente: cierto cielo y cierto infierno que se asoman a mí,
Junto a mí,
Detrás de mí,
A mi lado:
Corriendo
Nadando
Caminando
Entre miserias
Entre muertos y olvidos
Entre tantos y tantos llantos no llorados nunca,
llantos abandonados.

jueves, 23 de abril de 2009

Carta (1)



Yo supongo que debo haber sido (en otra vida, si las hay -cosa que no creo, pero no importa-) una compulsiva escritora y mandadora de cartas (de amor obviamente). Cartas de amores tortuosos y felices; de finales y comienzos de amores. Y también debo haber sido bruja (aún  conservo esos dotes). 
No creo haber sido hombre, sí animal: loba; serpiente; tal vez tortuga y pez. 
Me gustaría haber sido amante de algunos hombres: de Russell sin duda, de Wittgenstein, de Mayacovsky, de Abelardo. No me quejo de esta vida que me toca ahora: seguramente en ninguna otra tuve hijos, además puedo expresarme con palabras y en ella estas vos iluminando cada gesto, cada espacio.

lunes, 20 de abril de 2009

1922- 2009


En todos esos años vivió, estudió, pero sobre todo, enseñó Gregorio Klimovsky. Educador de múltiples generaciones en también múltiples disciplinas. Mi homenaje a él.

Cuando lo conocí tendría casi 80 años, entraba a un aula mugrienta de Puán a la una en punto y caminando con notoria dificultad, se sentaba y sólo se levantaba a las cinco de la tarde después de haber dado su clase con sus fichas amarillentas. Tenía un humor impecable y enseñaba, lo mucho que sabía, como quien pasa una receta de torta por teléfono: con sencillez y con la seguridad de que nadie podía no entenderlo.
Con la misma tranquilidad y firmeza iba a cuanta reunión de cátedra, grupo de investigación o congreso hubiera. Podían caer piedras, pero Kimovsky estaba.
 Su presencia orbitó sobre muchos, sobre tantos que no podrían contarse... Todos los que nos interesamos por algunos temas hemos leído, escuchado y, tal vez, hablado con él en algún momento. 
Escribió no muchas obras. Siempre pensé que lo suyo era la transmisión oral, como lo de tantos otros grandes educadores. 
Ya no acompañará a la gente pero, sin duda, permanecerá orbitando en tantas mentes.